22 de febrero de 2024

Memorias de un Criminalista - Crónicas del Laboratorio de Criminalística e Identificación Policial

Los tarjetones se apilaban por cientos sobre archiveros con óxido en su superficie y papeles que daban la característica al lugar.
Alfredo Pérez MX

En el corazón de la década de los ochentas, en la ciudad de Tijuana, se gestaba el Laboratorio de Criminalística e Identificación de la Policía, un espacio compacto entre archiveros metálicos, mobiliario y puertas de madera.
Este recinto resguardaba evidencias variadas y recolectadas por los detectives de la época.

El lugar, inicialmente concebido como oficina administrativa, albergaba desde aparatos eléctricos hasta armas y restos óseos.

Ahí se encontraban más de quince mil huellas dactilares y los denominados “tarjetones” con nombres y fotografías de personas detenidas durante operativos de vigilancia de policía estatal.

Los tarjetones se apilaban por cientos sobre archiveros con óxido en su superficie y papeles que daban la característica al lugar.

En este laboratorio, detectives como Omar Orta Rodríguez, junto a mi padre, Don Alfredo Pérez, y expertos como Gustavo Salazar Fernández, Miguel Pallares, y el recién incorporado odontólogo forense, Arnulfo Bracamontes, se enfrentaban al desafío de dar vida y rostro a las evidencias, incluyendo un cráneo humano hallado en un lote baldío de la ciudad de Tijuana .

En aquellos días, la reconstrucción cráneo facial no era una práctica común en la región noroeste del país. No existían sistemas automatizados mucho menos inteligencia artificial.

Los retratos hablados elaborados a lápiz, basados en descripciones de reportes de localización y extravío de personas, eran publicados en periódicos locales para obtener información de la comunidad.

Aun es posible recordar el cráneo encontrado, presumiblemente de una mujer según los forenses, que fue el punto de partida para la primera reconstrucción cráneo facial en Baja California.

Este proceso, lejos de contar con tecnologías actuales, implicó el uso de técnicas artísticas y escultura con barro, plastilina, arcilla, respaldadas por peritos en medicina legal y odontología forense.

A pesar de las limitaciones materiales y tecnológicas de la época, la reconstrucción permitió identificar a la víctima, esclarecer su asesinato y detener al responsable.

Este laboratorio se convirtió en un pionero, donde la intuición, convertida en método y luego en ciencia, marcó el camino hacia la resolución de casos criminales en Baja California.

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Alfredo Pérez es Presidente Fundador de la Sociedad de Ciencias Forenses en Baja California. Dir Prev. Soc Violencias.

Esta columna no refleja la opinión de Plural.Mx, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor