25 de agosto de 2026
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Punto Crítico – Aquí caben todos

Con ese censo, la pregunta por la oposición se responde sola: no la hay, porque también está en MORENA. Emigró hacia adentro. En el partido conviven un PRI, un PAN y un PRD completos, con sus cuadros
Luis David Sandin Torres

En Baja California la última gran transformación no fue ideológica: fue inmobiliaria. La clase política cambió de domicilio, cargando sus cajas desde los edificios del PRI, del PAN y del PRD hasta el edificio guinda, y en las cajas viajó todo: las agendas, los compadres, los métodos, las mañas. La escena es doméstica: el mismo funcionario, con su agenda de favores intacta, acomodando la playera guinda sobre la camisa de toda la vida. Por eso la política local se parece tanto a sí misma desde hace treinta años aunque el membrete de la puerta haya cambiado: adentro despachan los mismos, con la misma idea del poder y estrenando color.

El expediente es de hemeroteca. Desde 2021 quedó documentado que Marina del Pilar era la única aspirante de MORENA en el estado sin militancia previa en el PRI, el PAN o el PRD: la excepción que confirmaba el inventario. Rumbo a 2027 el patrón se registra solo: entre los presentados como fundadores del morenismo local hay quienes hicieron carrera en el PRD antes de subirse al oleaje de López Obrador, y entre los aspirantes formales, quien gobernó Tijuana con las siglas del PAN. Hasta la defensa confirma el cargo: cuestionado por su priismo, Castro Trenti respondió que es tan expriista como el padre del movimiento. Tiene razón, y ese es exactamente el problema.

Con ese censo, la pregunta por la oposición se responde sola: no la hay, porque también está en MORENA. Emigró hacia adentro. En el partido conviven un PRI, un PAN y un PRD completos, con sus cuadros, sus rencores y sus estilos, compitiendo por quedarse con la franquicia guinda; el excedente que ya no cupo espera turno estacionado en los partidos aliados. La interna de 2027 será, en los hechos, la única elección entre partidos que veremos, y se celebrará sin nosotros. El pluralismo bajacaliforniano sigue vivo, solo que se privatizó: ahora funciona puertas adentro de un solo edificio, con reglamento de condominio.

Y el condominio tiene administrador. Esta semana la dirigencia nacional citó en la Ciudad de México a los aspirantes bajacalifornianos —siete llegaron a la mesa— para revisarles la tarea: asambleas, recorridos, compromiso de unidad y la firma de no pelearse entre ellos, todo bajo el título de coordinaciones en defensa de la transformación, porque la palabra precandidato está prohibida en el reglamento. La geografía es el mensaje: el futuro gobierno de Baja California se tramita a más de dos mil kilómetros de Baja California, en oficinas donde los aspirantes escuchan, asienten y vuelven a casa con instrucciones. A ese procedimiento, en el vocabulario que la mudanza trajo dentro de las cajas, siempre se le llamó línea.

Queda la palabra izquierda, que en la papelería estatal ya es pura arqueología. La procedencia de los cuadros no sería objeción si hubiera habido conversión verdadera, y la conversión se demuestra rompiendo con los métodos de origen. Aquí los métodos llegaron intactos en las cajas: el dedazo, la clientela, la nómina como programa. Lo que se les reprocha es que siguen haciendo exactamente lo mismo, con credencial nueva. Y con un agravante de escala: la alternancia acotaba el dedazo y la clientela; hoy operan sin contrapeso, desde un dominio casi total, y nunca habían tenido tanto territorio. Un partido que administra una mayoría antes que representar una idea termina sin brújula propia, dependiente del carisma del fundador. Cuando el carisma no está, queda la inercia, que en política siempre lleva al mismo lugar.

Que nadie lea aquí añoranza del pasado, ni tampoco un fenómeno exclusivo de estas tierras. La migración de cuadros es la constante mexicana: el viejo PRI absorbió de todo, el PAN recibió transmigrados en su auge, el PRD mismo nació de un desprendimiento priista. La diferencia está en la promesa: ningún proyecto anterior juró que su mudanza sería la última, y este hizo de la ruptura su acta de nacimiento. Precisamente porque el defecto viene de lejos importaba romper el ciclo: la oportunidad existió, y se desaprovechó. Aquí se describe una continuidad, que es cosa bastante más grave que cualquier nostalgia.

Por eso conviene llegar a 2027 sin hacerse ilusiones sobre la boleta. Habrá campañas, debates y jornada electoral con toda su liturgia, pero la decisión de fondo se habrá tomado meses antes, en una asamblea donde compiten exmilitancias en lugar de proyectos, y al ciudadano le tocará el papel del notario: dar fe de un acuerdo celebrado entre otros. Aunque los notarios conservan una facultad que conviene recordar: pueden negarse a dar fe, y la boleta sigue siendo el único instante en que el acuerdo puede ser devuelto sin firma. El viejo PRI presumía que en sus filas cabían todos, y la historia le concedió la razón de la manera más literal posible: todos acabaron cabiendo, nada más que en otra casa. La mudanza terminó hace tiempo. El debate sigue extraviado en alguna de las cajas, y nadie ha reportado su pérdida.

Luis David Sandin Torres Abogado por la Facultad de Derecho de la BNA y Maestro en Ciencias Jurídicas por la UABC. Cuenta con estudios de Doctorado en Derecho Electoral y Filosofía Política por el Instituto Iberoamericano de Derecho Electoral. Ha realizado estancias de investigación bajo la dirección del Dr. Diego Valadés. En el ámbito profesional, se ha desempeñado como asesor en la Cámara de Diputados y es consultor independiente en políticas públicas y docente universitario.

Esta columna no refleja la opinión de Plural.Mx, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor