15 de septiembre de 2026
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Punto Crítico – Nadie va a ver la encuesta

Luis David Sandin Torres

Afuera de una secundaria en la Presa, una señora vende burritos desde las seis de la mañana y lleva nueve años pidiendo que le arreglen la calle. Si le preguntan quién va a gobernar Baja California contesta sin dudar: sabe los nombres que suenan, sabe cuál le cae bien, sabe cuál le dijeron que es el bueno. Lo que no sabe, y nadie a su alrededor sabe tampoco, es con qué regla se escoge entre ellos, en qué fecha ocurre y qué pasa si el procedimiento se tuerce. Conoce a los jugadores de memoria y desconoce por completo el juego. Esa desproporción, que a primera vista parece un problema de información, describe con bastante exactitud la relación que tenemos en este estado con el poder que nos toca padecer.

Los hechos del procedimiento sí son públicos. En junio se registraron doscientos setenta y siete aspirantes de todo el país para encabezar las coordinaciones estatales de MORENA, figura que viene funcionando como antesala de las candidaturas a gobernador. Todos firmaron cuatro compromisos: conocer y asumir las reglas de la convocatoria, aceptar el criterio de paridad, declarar bajo protesta que no enfrentan procesos judiciales ni deudas alimentarias, y reconocer la encuesta como método de selección obligándose a respetar su resultado. Donde hubiera demasiados aspirantes, la comisión podría aplicar un sondeo previo para dejar una lista de hasta seis personas antes de llegar a la medición definitiva.

Antes de repartir culpas conviene que revisemos nuestra propia contabilidad, porque un método así no se sostiene solo. Muchos de nosotros llamamos imposición al procedimiento cuando designa a quien no queríamos, y madurez política cuando el nombre coincide con nuestra preferencia. Discutimos a los aspirantes en la sobremesa durante meses, con la pasión de quien defiende un equipo, sin preguntar una sola vez por la regla que va a separarlos. Reclamar nada más cuando perdemos equivale a haber aceptado esa regla por adelantado, y esa aceptación silenciosa le ahorra al procedimiento el trabajo de justificarse, que es justamente el trabajo que tendría que costarle más caro.

Lo que ocurrió después le quita el piso al método escrito. Según reportes de prensa y las propias declaraciones de la dirigencia, el partido decidió mantener bajo reserva los resultados de las encuestas de los diecisiete estados y privilegiar acuerdos internos para evitar fracturas. La presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones ha dicho que la aspiración es cerrar las definiciones a mediados de septiembre, que los levantamientos siguen en curso y que no darán a conocer una fecha específica, porque hacerlo podría generar un sesgo entre aspirantes y simpatizantes. La autoridad que conduce el proceso reconoce así que oculta el calendario de manera deliberada, y lo ofrece como una razón de prudencia.

Baja California figura entre los estados más disputados y sigue sin definición. Las mediciones existen y se están levantando, aunque su metodología, su muestra y sus preguntas permanecen reservadas, de modo que el desenlace se construye sobre acuerdos internos cuyo contenido nadie conoce. Los aspirantes firmaron de puño y letra que la encuesta sería el método y que acatarían su resultado. Queda la palabra encuesta, sin nada alrededor que permita comprobarla, y queda vivo el compromiso que ellos asumieron, aunque el mecanismo al que se obligaron haya salido ya del alcance de cualquiera que quisiera revisarlo.

Una regla que obliga a una parte y que ninguna otra puede verificar funciona como promesa de obediencia con redacción jurídica. Saber quiénes mandan es el conocimiento que basta a los súbditos; saber bajo qué reglas mandan y cómo se comprueban es el que distingue a los ciudadanos. Una comunidad puede tener el primero completo y carecer del segundo por entero, y cuando eso ocurre empieza a comportarse de una manera reconocible: pide favores donde tendría que exigir derechos, busca a la persona que decide y no la norma que la obliga, y termina agradeciendo aquello que ya había pagado por adelantado.

La señora de los burritos entiende esa diferencia mejor que nadie, aunque no la formule con estas palabras. El día que le pavimenten la calle va a agradecerle a alguien, con nombre y apellido, una obra costeada con impuestos que ella misma cubre cada vez que compra harina y gas. Va a sentir que se acordaron de ella, que tuvo suerte, que le tocó. Esa gratitud mal dirigida es el precio que cobra un sistema donde las cosas llegan por decisión de personas y nunca por aplicación de normas, y lo cobra en la moneda más cara que existe, porque quien cree que le hicieron un favor difícilmente vuelve a exigir nada.

Publicar la lista de quienes permanecen en la medición y el criterio con que salieron los demás no requiere reformar ningún estatuto. Tampoco dar a conocer la casa encuestadora, el tamaño de muestra, las fechas de levantamiento y las preguntas textuales, si no antes, por lo menos junto con el anuncio. Un plazo anunciado y sostenido cuesta lo mismo que un aviso con veinticuatro horas de anticipación. Y hace falta una vía de revisión ante una instancia distinta de la que decide, con término cierto para resolver, porque un método que solo puede revisar quien lo aplica acaba imponiendo hechos consumados.

Quien gane también sale ganando, aunque hoy no lo parezca. El que llega bajo criterios publicados llega con una autoridad que ningún acuerdo posterior alcanza a darle, y esa diferencia se nota el primer día de gobierno, cuando hay que ordenar a los que quedaron fuera y ninguno puede alegar que lo hicieron a escondidas. El que pierde sabiendo con qué regla perdió encuentra motivos para quedarse, y no para irse a cobrar la factura con el adversario. La reserva promete unidad y produce sospecha, que es el material con el que se construyen las rupturas que dice querer evitar.

A ti, que no militas en nada y que quizá ni siquiera piensas votar por ellos, esto te alcanza igual. De ese procedimiento saldrá quien decida el presupuesto de tu ciudad, quién patrulla tu colonia y en qué condiciones estudian tus hijos. Pedir que las reglas se publiquen es el mínimo que le corresponde a quien va a vivir bajo el resultado sin haber sido invitado a la mesa, y se pide ahora, mientras todavía puede llamarse exigencia. Quedan semanas, acaso menos. Sirva esto para que el día en que por fin le pavimenten la calle a la señora de los burritos, ella pueda saber quién lo decidió y con qué regla, y no tenga que gastar en aplausos lo que le correspondía cobrar.

Luis David Sandin Torres Abogado por la Facultad de Derecho de la BNA y Maestro en Ciencias Jurídicas por la UABC. Cuenta con estudios de Doctorado en Derecho Electoral y Filosofía Política por el Instituto Iberoamericano de Derecho Electoral. Ha realizado estancias de investigación bajo la dirección del Dr. Diego Valadés. En el ámbito profesional, se ha desempeñado como asesor en la Cámara de Diputados y es consultor independiente en políticas públicas y docente universitario.

Esta columna no refleja la opinión de Plural.Mx, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor

 

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