Desde adentro – “Algo deberían de aprenderle los ahijados al Padrino”
Desde adentro - “Algo deberían de aprenderle los ahijados al Padrino”

La historia no es un libro empolvado que se abre solo en ceremonias. La historia es ese compa insistente que, si no le haces caso, regresa y te cobra… con recargos.
Enero de 1989. Baja California. Un gobernador entendió algo que hoy parece ciencia ficción: que ya no daba para más. Que su permanencia le estaba saliendo más cara al Estado que su salida. Y pidió licencia. No porque fuera santo, ni mártir, ni buena onda. Lo hizo porque el momento político lo había rebasado y porque, en política, cuando el barco hace agua, no se discute si el capitán es inocente: se evita que se hunda.
Opciones siempre hay. El problema es que casi nadie quiere pagar el precio político cuando todavía se puede pagar barato.
Hoy, 37 años después, la historia vuelve a tocar la puerta… pero ahora no viene con guantes de seda.
Marina del Pilar Ávila Olmeda, gobernadora de Baja California, confirma que la Fiscalía General de la República investiga a su exesposo, Carlos Torres Torres, por presuntos vínculos con el narcotráfico. No es chisme de WhatsApp ni guerra sucia de temporada electoral. Es una carpeta de investigación federal, derivada de una denuncia anónima, sí, pero con datos, nombres y billetes contados.
Según esa investigación, Torres habría recibido alrededor de 150 mil dólares mensuales de Pedro Ariel Mendívil García, exsecretario de Seguridad Pública del Ayuntamiento de Mexicali, para permitir que el llamado Cártel de los Rusos, una facción del Cártel de Sinaloa, operara a placer en Baja California. Así, sin poesía.
Carlos Torres ya respondió como dicta el manual moderno: dijo que dejó la política, que todo se basa en “un dicho sin rostro” y que confía en que la FGR va a desestimar “las falsedades”. Legalmente correcto. Políticamente, un desastre.
Porque aquí no estamos hablando todavía de culpabilidad penal. Eso lo dirá —o no— un juez. Aquí hablamos de algo más terrenal: gobernabilidad, credibilidad y costo político.
Y para entenderlo hay que voltear al retrovisor.
Baja California fue el laboratorio político del país. Aquí nacieron las famosas concertacesiones: acuerdos entre élites para evitar crisis mayores. En 1989, tras la elección presidencial de 1988, Carlos Salinas de Gortari empezó a pasar la factura a quienes no se alinearon. Gobernadores fueron empujados a renunciar como piezas incómodas del nuevo ajedrez.
Xicoténcatl Leyva Mortera, “Xico”, gobernador priista, apostó mal en la interna apoyando a Manuel Bartlett y, además, tuvo la osadía de reconocer el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas en el estado. Resultado: pidió licencia un año antes de terminar su mandato. Él mismo lo dijo: por “las circunstancias del momento político”.
No fue una derrota moral. Fue una salida política. Y gracias a eso, en 1989 se reconoció el triunfo del PAN y Baja California se convirtió en el primer estado con alternancia. La institución sobrevivió. El sistema se acomodó. El incendio no se salió de control.
Hoy la circunstancia es igual de insostenible, solo que nadie quiere decirlo en voz alta.
Cada día que Marina del Pilar permanece en el cargo con esta investigación encima, el gobierno se contamina. Cada decisión queda bajo sospecha. Cada silencio pesa más que cualquier boletín. No porque ella esté acusada, sino porque el poder no vive de tecnicismos legales, vive de percepción pública.
Aquí está la diferencia clave entre 1989 y 2026: antes, el costo político ya se había vuelto impagable y se actuó. Hoy, el costo sigue subiendo… y alguien finge que no ve el marcador.
Pedir licencia no es aceptar culpa. Es entender que el Estado es más grande que una persona, un apellido o un proyecto político. Es permitir que la investigación siga su curso sin arrastrar al gobierno completo al lodo.
La historia ya nos explicó cómo se cierran estos capítulos cuando se piensa primero en la institución y no en el ego. Baja California ya pasó por esto. Ya sabe cómo termina cuando se estira la liga de más.
La pregunta no es si hay opciones. Claro que las hay.
La pregunta es cuánto más se va a dejar crecer el costo antes de pagar.
Y la historia, esa vieja necia, ya avisó que no hace descuentos.
Aún están a tiempo los ahijados de aprenderle algo al padrino, algo así como “honrando su memoria” o “un homenaje en vida…” digo, si es que aún les quede vida.
Esta columna no refleja la opinión de Plural.Mx, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor

