13 de diciembre de 2025
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Radiografía Política - Jaime Cantón pierde los estribos y grita a diputada opositora

Este incidente no solo resalta un doble estándar en su conducción parlamentaria, sino que también pone en evidencia posibles tintes de violencia de género y partidismo, en un contexto donde el legislador ya acumula un historial de confrontaciones que degradan la institución.
Radiografía Política

En un nuevo capítulo de caos y autoritarismo en el Congreso del Estado de Baja California, el diputado de Morena y presidente de la Mesa Directiva, Jaime Cantón Rocha, ha sido señalado por imponer un trato discriminatorio durante la votación de la cuenta pública del DIF Ensenada correspondiente al año 2023.

Este incidente no solo resalta un doble estándar en su conducción parlamentaria, sino que también pone en evidencia posibles tintes de violencia de género y partidismo, en un contexto donde el legislador ya acumula un historial de confrontaciones que degradan la institución.

El conflicto surgió cuando la diputada de Movimiento Ciudadano, Daylín García Ruvalcaba, emitió un voto en abstención.

Inmediatamente, Cantón Rocha la obligó a razonar su decisión en voz alta, un requisito que no aplicó de manera equitativa.

Minutos antes, el diputado Diego Lara Arregui, de Fuerza por México –un partido aliado de Morena–, había votado de la misma forma sin que se le exigiera explicación alguna.

Esta disparidad en el trato genera interrogantes sobre la imparcialidad del presidente de la Mesa Directiva: ¿por qué se le permite a un aliado masculino pasar desapercibido, mientras se presiona a una mujer de oposición?

Críticos argumentan que este patrón podría reflejar no solo favoritismo político, sino también un sesgo machista que socava la igualdad en el debate legislativo.

Es importante destacar que la acusación de actitudes machistas hacia el joven de 29 años, quien se presenta como el primer presidente abiertamente homosexual de un órgano público en México, sigue siendo objeto de debate. Sin embargo, su administración parece caracterizarse más por tendencias autoritarias que por la promoción del diálogo.

La respuesta de García Ruvalcaba fue contundente y directa: acusó al diputado Cantón de cometer un acto de violencia hacia ella, al forzarla a justificar su voto bajo presión, lo que podría interpretarse como una forma de intimidación en un espacio que debería fomentar el diálogo democrático.

«Esto constituye un acto de violencia hacia mí», expresó la legisladora, destacando cómo tales acciones perpetúan un ambiente hostil para las mujeres en la política.

Su denuncia no es aislada; resuena en un contexto nacional donde la violencia política de género ha sido denunciada repetidamente por organizaciones como el Instituto Nacional Electoral (INE) y grupos feministas.

A esta crítica se sumó la diputada del PAN, Alejandrina Corral, quien no dudó en calificar el desempeño de Cantón Rocha como «pésimo» en la dirección de los trabajos del Poder Legislativo.

«Estás haciendo un pésimo trabajo dirigiendo los trabajos del Poder Legislativo», le espetó Corral, subrayando el deterioro en la calidad de las sesiones bajo su mando.

Este no es un incidente aislado: desde que asumió la presidencia de la Mesa Directiva, Cantón Rocha ha convertido el Pleno en un escenario recurrente de desorden, con enfrentamientos a gritos y intentos de imponer su voluntad en los debates.

Tales episodios no solo interrumpen el flujo parlamentario, sino que erosionan la credibilidad del Congreso como institución representativa, fomentando un clima de confrontación en lugar de consenso.

Este nuevo escándalo invita a una reflexión crítica sobre el rol de Morena en el poder legislativo de Baja California. Como partido mayoritario, ¿está priorizando la agenda política sobre el respeto a las normas democráticas?

La conducta de Cantón Rocha plantea dudas sobre su capacidad para liderar con neutralidad, especialmente en un estado donde las tensiones partidistas ya son elevadas.

Organizaciones civiles y observadores independientes han llamado a una investigación interna para evaluar si estas acciones violan el reglamento del Congreso o incluso configuran violencia política, lo que podría derivar en sanciones.

Mientras tanto, el Congreso de Baja California sigue operando bajo una sombra de desconfianza, donde el autoritarismo parece primar sobre el debate inclusivo.

Incidentes como este no solo afectan a las diputadas involucradas, sino que debilitan la democracia en su conjunto, recordándonos que el poder legislativo debe ser un espacio de equidad, no de imposiciones selectivas.

Este escándalo llega en un momento delicado para Morena en Baja California, con encuestas que muestran un desgaste del 15% en su popularidad a nivel estado, esto tras escándalos de corrupción y malos manejos.

La oposición ya anuncia una moción para cuestionar la presidencia de Cantón en la próxima sesión, argumentando que su conducta viola el Código de Ética Legislativa.

¿Renunciará el «chico prodigio» morenista, o seguirá gritando para imponer su agenda?

Lo cierto es que, mientras el Congreso se convierta en ring de boxeo en lugar de foro de ideas, la democracia bajacaliforniana –y mexicana– sale perdiendo, esto, sumado al hecho de que el Chico Maravilla aspira a convertirse en alcalde de Mexicali.

Esta columna no refleja la opinión de Plural.Mx, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor