21 de abril de 2026
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Punto Crítico – ¿De qué lado están?

¿De qué lado están? No es una pregunta para el alcalde. Él respondió. Es una pregunta para quienes administran su confianza todos los días y que, en este episodio, otra vez, no estuvieron a la altura de lo que él sí demostró ser capaz de hacer.
Luis David Sandin Torres

¿De qué lado están? No es una pregunta para el alcalde. Él respondió. Es una pregunta para quienes administran su confianza todos los días y que, en este episodio, otra vez, no estuvieron a la altura de lo que él sí demostró ser capaz de hacer.

Desde que José Antonio Olivas Heredia —conocido como El Tomate— asumió la dirección de Inspección y Verificación Municipal, las señales llegaron pronto. Primero como rumor, luego como denuncia documentada: inspectores que aterrorizaban comerciantes, cierres arbitrarios y la sombra de los “moches” extendiéndose por otras oficinas del Ayuntamiento. No era un secreto de Estado. Era un secreto a voces.

Los abusos crecieron hasta rebasar los canales internos. Los reclamos ciudadanos dejaron de ser susurros y se convirtieron en expedientes. Entonces, otra vez, un equipo que no puede o no sabe gestionar sus propias crisis, le escribió una narrativa a la oposición. Así, Max García desde el Senado y Damián Retes desde la Cámara de Diputados, encontraron en el caso una tribuna cómoda. No necesariamente por convicción pura, sino porque la estructura interna del ayuntamiento no había logrado resolverlo antes.

Ergo, llegó lo que no debería haber llegado: mantas y una cabeza de cerdo en las inmediaciones del Palacio Municipal. Un mensaje dirigido al alcalde, escrito a mano, con el nombre de Olivas Heredia como referencia. La delincuencia organizada no estaba ignorando lo que pasaba en Reglamentos. Estaba respondiendo. En este punto ya no era un problema administrativo. Era una señal de que algo dentro de esa dirección había dejado de ser simplemente opaco para volverse peligroso.

Fue entonces cuando Ismael Burgueño tomó una decisión que sorprendió incluso a quienes lo presionaban. Se reunió con el senador panista Max García para escuchar directamente los señalamientos y prometió actuar. Como siempre, nadie en la oposición lo creyó. La política municipal tijuanense tiene una larga historia de promesas que se disuelven en el siguiente ciclo de noticias. Pero el alcalde cumplió. La renuncia de Olivas Heredia se hizo efectiva y Araceli Márquez Peña tomó la dirección con un mandato claro: orden, normatividad y cercanía ciudadana.

Eso es liderazgo. Pero también es un diagnóstico incómodo, no porque el alcalde tuvo que intervenir personalmente y reunirse con la oposición, sino porque tuvo que asumir el costo político de una remoción que debió ocurrir mucho antes.

La pregunta no es si actuó bien. La pregunta es por qué su equipo dejó crecer tanto el problema. Por qué nadie procesó las señales a tiempo y por qué hizo falta una cabeza de cerdo frente al palacio para que, al fin, la inercia se rompiera. ¿O será que su pasado panista los invita, sin que lo admitan, a alimentar las narrativas de sus ex correligionarios?

Luis David Sandin Torres Abogado por la Facultad de Derecho de la BNA y Maestro en Ciencias Jurídicas por la UABC. Cuenta con estudios de Doctorado en Derecho Electoral y Filosofía Política por el Instituto Iberoamericano de Derecho Electoral. Ha realizado estancias de investigación bajo la dirección del Dr. Diego Valadés. En el ámbito profesional, se ha desempeñado como asesor en la Cámara de Diputados y es consultor independiente en políticas públicas y docente universitario.

Esta columna no refleja la opinión de Plural.Mx, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor

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