Desde Adentro – “No es caridad, es dignidad”
Desde Adentro - “No es caridad, es dignidad”
Por El Bofo
“No es caridad, es dignidad: lo que la Fundación le está enseñando al gremio”
Desde afuera, la cena de gala de la Fundación Pro Periodistas de Baja California puede parecer un evento bonito: mesas elegantes, platillos del chef Ernesto Zamora, empresarios sonrientes, una tómbola con todo y cuadros valuados en euros. Pero desde adentro —y mire que aquí sabemos ver entre líneas— la noche reveló algo más profundo que la crema de elote o la totoaba donada por el rector de la UABC: reveló dignidad.
Sí, dignidad. Esa palabra que al gremio mexicano suele quedarle grande porque el sistema nos la ha ido quitando a pellizcos.
Muchos insisten en repetir la fantasía de que “el gremio está bien unido”. Ajá. Sí, cómo no. Entre nosotros hay competencia, celos, precariedad, contratos precarios, sueldos indecentes y un montón de silencios obligados que nadie se atreve a escribir. Pero en esa noche del 19 de noviembre pasó algo raro: por unas horas, el gremio dejó de fingir que todo está bien y aceptó que somos vulnerables. Que somos el eslabón más débil de la cadena. Que a veces nos rompen… y no siempre hay quien nos recoja.
La Fundación Pro Periodistas (Yo si soy Periodista A.C.) nació justo para eso: para recordarnos que la dignidad no se pide, se construye. Que el periodista debe tener un lugar donde caer sin perder libertad. Que apoyar no significa comprar conciencias. Que recibir ayuda no significa deber favores.
Esa es la parte que muchos no entienden: esto no es caridad, es justicia; palabras que desde el día 1 que se ideó la creación de la Fundación nos dijo Adolfo Solís Farías.
Porque cuando un reportero enferma, se queda sin equipo, pierde a un familiar o simplemente lo corre un jefe que nunca aprendió a dirigir, el sistema le da la espalda. Pero la Fundación no. Somos casi 50 periodistas vigilando que el fondo se use con transparencia y que nadie condicione nada. No se le pide a nadie que “hable bonito de fulanito” ni que “suavice la nota” porque recibió apoyo. Eso no existe aquí.
Y mire, se lo digo yo, que lo viví.
En pleno 2020, mientras el COVID me estaba exprimiendo los pulmones, fui uno de esos periodistas que terminó sin un peso. Ahorros, aguinaldo, apoyos: todo se fue. Y aun así me faltaban estudios. Yo ya no tenía cómo pagarlos. Ahí es cuando uno aprende la diferencia entre la caridad y la dignidad: la caridad te humilla; la dignidad te sostiene.
Cuando llamé a la Fundación y expliqué la situación, no me dieron discursos. No me condicionaron. No me preguntaron por quién votaba, ni qué pensaba, ni qué iba a escribir después. Simplemente ayudaron. Como debe ser.
Por eso, ver que CANIRAC abrió puertas, que empresarios donaron obras de arte, que el Consejo Coordinador Empresarial aportó noches de hotel y que hasta el secretario general de Gobierno reconoció las crisis del gremio, no es un detalle menor. Es un mensaje: la dignidad del periodista también se financia.
La presidenta de la Fundación, mi amiga, mi “Mana”, Sonia de Anda, lo dijo con una claridad que duele: muchos reporteros no somos sujetos de crédito. No tenemos cómo reponer un celular, una cámara o una laptop. Y si nos enfermamos, menos. ¿Qué clase de sistema es este?
Por eso esta cena no es solo un evento.
Es una declaración: “no vamos a dejar que la libertad de expresión dependa de una coperacha”.
La Fundación ayuda porque entiende algo básico que el resto del país aún no aprende:
La independencia no se pierde cuando te ayudan; se pierde cuando te compran.
Y aquí nadie está en venta.
Anoche no compraron periodistas.
Anoche invirtieron en dignidad.
Esta columna no refleja la opinión de Plural.Mx, sino que corresponde al punto de vista y libre expresión del autor

