Punto Crítico – Guarde el teléfono, alcalde
Punto Crítico – Guarde el teléfono, alcalde

Alcalde, sus adversarios le deben un favor. Llevaban meses buscando con qué pegarle en plena interna, y la semana pasada usted se los dejó servido sobre la mesa, en una foto donde aparecen sus teléfonos frente a usted. Por lo que se alcanza a ver, parecen de los más caros del mercado. Puede que no lo sean y da lo mismo, porque en política la imagen llega antes que el recibo. Que un alcalde traiga varias líneas es normal, y aun así esa mesa abre una discusión más seria, la de la distancia entre el movimiento que usted representa y la imagen de poder que proyecta. Esa discusión se hará con la regla de su propio partido en la mano.
En mayo de 2025, el Consejo Nacional de MORENA aprobó por unanimidad unos lineamientos que obligan a su militancia a conducirse con sobriedad y sin ostentación, con mayor rigor para quien aspira a una candidatura. Ya hay precedente. En junio, la comisión de honestidad del propio movimiento dictó medidas cautelares contra el presidente municipal de Chignahuapan, en Puebla, por la fiesta de quince años de su hija. Para dañar a un aspirante basta con abrirle un expediente en el momento oportuno, aunque la sanción nunca llegue. Esas reglas no se aplican solas. Las activa el interesado en sacar a alguien de la contienda, y en una interna ese interés nunca falta.
Piense además en cómo lo van a medir. Según el vocero estatal de MORENA, su aspiración a repetir en el cargo podría terminar en una ratificación o en una especie de revocación, y eso lo decidirán encuestas de aprobación. Ahí lo van a sostener, o a soltar, según lo que digan esos números, y un partido busca ganar por encima de cualquier otra cosa. Los encuestados no van a pedirle el estado de cuenta. Van a responder con lo que recuerden, y esa foto deja en la memoria una mesa con teléfonos que parecen costar lo que muchos de sus votantes ganan en varios meses de trabajo.
Escuche, si no lo ha hecho, «La carencia» de Panteón Rococó. Es una canción sobre salarios que no alcanzan, y miles la corean en sus conciertos con el celular en alto. Muchos de nosotros hemos estado en esa pista, cantando contra la desigualdad con un teléfono que seguimos pagando a meses, sin sentir contradicción alguna. La banda nació al calor del zapatismo, festejó sus treinta años en un estadio y hace un mes usó una sesión en una radio estadounidense para recordar a los desaparecidos de México. Una expresión surgida de la protesta puede volverse exitosa y rentable sin perder la capacidad de incomodar, y esa es la prueba que hoy le toca a usted.
A nadie le exigimos pobreza para creerle, ni a una banda ni a un alcalde, y el público perdona casi todo menos descubrir que la inconformidad se volvió decorado. El mercado aprendió hace mucho a vender la rebeldía justo cuando deja de pedirle algo a quien la compra. La política tiene su propia versión de ese negocio. Es la del gobierno que conserva el lenguaje del pueblo como marca, mientras su manera de ejercer el poder se parece cada vez más a la que prometió desterrar. Un gobernante lo paga con legitimidad, porque tiene presupuesto, nombramientos y contratos para atender la desigualdad que otros solo pueden cantar.
Sus cercanos le dirán que es su dinero, que lo ganó dentro de la ley y que la vida privada no se regula, y en su propio movimiento hay quien lo sostiene en voz alta. Su derecho a tener patrimonio está fuera de discusión. El cargo lo puso bajo un estándar distinto al del particular. La declaración patrimonial, la transparencia y la rendición de cuentas existen precisamente para que la ciudadanía conozca y examine cómo evoluciona el patrimonio de quien maneja recursos públicos. La legalidad es apenas el piso de la confianza pública. Lo demás se gana cuando una conducta puede explicarse con razones ante cualquiera que pregunte, y cada día que la foto pase sin esa explicación trabaja para sus rivales.
Enseñe el comprobante esta misma semana, con fecha y forma de pago, antes de que un reportero se lo pida. Si no lo tiene, reconozca el descuido en una frase y guarde los teléfonos. Una disculpa breve se olvida pronto, y las justificaciones a medias alargan la vida de la foto. No mande a sus colaboradores a defenderlo en redes, que cualquier defensa la vuelve a poner en circulación. Y aproveche el golpe para lo que más le conviene, que es volver a pelearse en público con los que siempre ganan en esta ciudad, sea cual sea el partido en turno.
Quienes lo hemos respaldado se lo decimos ahora, cuando todavía es un consejo y antes de que alguien lo convierta en expediente. Un respaldo que no admite crítica se parece demasiado a la complicidad, y quien gobierna en nombre de la inconformidad es el último que debería tolerarla. La vara de Panteón Rococó, treinta años de éxito sin dejar de incomodar, es la que le sirve, alcalde, mucho más que la que le preparan sus adversarios. Pronto lo va a medir una encuesta. Si para entonces la gente recuerda a quién le estorbó su gobierno, nadie va a preguntar qué teléfono traía.
Luis David Sandin Torres Abogado por la Facultad de Derecho de la BNA y Maestro en Ciencias Jurídicas por la UABC. Cuenta con estudios de Doctorado en Derecho Electoral y Filosofía Política por el Instituto Iberoamericano de Derecho Electoral. Ha realizado estancias de investigación bajo la dirección del Dr. Diego Valadés. En el ámbito profesional, se ha desempeñado como asesor en la Cámara de Diputados y es consultor independiente en políticas públicas y docente universitario.
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